lunes, 13 de abril de 2015

Cosas que pasan un sábado


Afuera de la tienda ha sido puesta una bolsa con unos veinte kilogramos de basura. Es una gran bolsa que contuvo alimento para perros; unos veinte kg, también. Luego de ingerirlos, se asegura que cada perro se volverá un súper can y para mayor garantía, la bolsa trae la fotografía de un hermoso ejemplar canino, ni muy viejo, ni muy joven. Es un lustroso san Bernardo, de colmillos perfectos y media lengua afuera; a su lado, un platón lleno de alimento.

El caso es que ha llegado un perro viejo y sucio como un trapo de cocina. Olfateó buscando desperdicios y no los halla; pues la bolsa, contiene escombros de construcción, piedras y trozos de tejas.


Entonces, el perro se aleja decepcionado, pero de pronto, da la vuelta. levanta su pata y orina justo en la cara del perro de la bolsa. Luego raspa el suelo con las uñas de sus patas traseras y se va. El sonido de sus uñas en el pavimento se me grabó para siempre. No se si este repelente animal esté en su sano juicio, pero, por primera vez en mi vida, estoy de acuerdo con un perro.

Iván Castro Rodelo

martes, 6 de noviembre de 2012

La demencia de Gabo


El hermano de Gabriel García Márquez ha anunciado al mundo entero que el afamado escritor padece, de un tiempo para acá, la temible demencia senil. Si imaginamos la mente como un charco y a los recuerdos, como la luz del sol brillando en él; entonces este mal sería como que el sol, por variedad de razones, está dejando de brillar allí y los recuerdos se alistan para volverse bruma, para convertirse en olvidos.

La demencia senil también puede ser un último giro que hace la muerte antes de llevarse para siempre a aquéllos que persisten en vivir o, bien puede ser la vida, regalándonos a última hora, el bálsamo de olvidar, la bendición de quedarnos huecos, de convertirnos en hombres limbo.

Sin embargo, las obras del Nobel seguirán siendo luz de otras memorias. Su metáfora nunca quedará exhausta y no se olvidará  luego de cien años.

Que la demencia senil de Gabo no sea la de sus lectores en todo el mundo. Nunca debemos olvidar al primer hombre que se atrevió a poner a José Arcadio Buendía a la altura de Hamlet y a Macondo a la altura de Londres.

UN ALTAR EN EL HOGAR